Mostrando entradas con la etiqueta Old-school yogins. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Old-school yogins. Mostrar todas las entradas

22.12.12

Nubosidad variable con probabilidad de sismos por la tarde

He de confesar que mi puntualidad deja muchísimo que desear. Me es más que imposible llegar a horario, ni que hablar de llegar temprano a una clase de yoga. Pero ese día, el milagro ocurrió, y para cuando entré al salón dispuesta a adueñarme de una colchoneta durante una hora y media, había la enormidad de tres sitios libres esperando por mí.
Estaba pronta a instalarme en uno de los lugares, cuando la profesora (el nombre correcto sería instructora, pero me parece muy impersonal) me hizo moverme, porque desde ahí la pateaba cuando hacía los estiramientos. Me fui hacia otro lugar libre.
"No, ahí no te pongas"
Mirada a la instructora solicitando traducción de la instrucción.
"Porque si no L. queda abajo de la viga"
Mirada a la instructora solicitando explicación racional a la estupidez más descabellada oída en bastante tiempo.
"Es que le da miedo, porque dice que si hay un terremoto se le va a caer encima"
Mirada atónita a la instructora.
Agarré mi sábana y enfilé para el único lugar factible de ser ocupado mientras me reía descaradamente en la cara de mi instructora. Pobre. Muy ofendida me preguntó a cuento de qué venían las carcajadas. Y bueno, no le contesté. No se me ocurrió una manera didáctica de explicarle que Buenos Aires no es zona sísmica porque está muy lejos de las fronteras de la placa sudamericana, y que en caso de terremoto el lugar más seguro es a cubierto, abajo de una viga. 
Ay, esta L...

7.12.12

Yerba mala nunca muere

Hace mucho tiempo, inauguré en el blog la sección Old School yogins, y ahí se quedó, muerta de risa. O cagándose de angustia, como ustedes prefieran. Porque, como suele suceder, basta con que decidas hacer algo aprovechando un cierto hecho típico, para que este desaparezca y se vuelva atípico. Así pasó con mis viejas de yoga: de un día para otro se volvieron razonablemente cultas, razonablemente abiertas al cambio y filtraban razonablemente bien las incoherencias que manaban de su anquilosado cerebro y luchaban por ver la luz.
Tristemente, las viejas y yo ya no frecuentamos el mismo turno... pero encontré una reemplazante de primerísimo primer nivel. Le agradezco de todo corazón haberme proporcionado los medios para mantener viva esta humilde sección. Gracias, L.

13.12.11

Arrugadas de la vieja escuela

Hace unos años (dos), a causa de mis nervios incontrolables, decidí empezar yoga. Busqué un lugar cercano a mi casa, averigüé los horarios, me inscribí y empecé. Voy a clases por la mañana, así que el alumnado está compuesto principalmente por señoras mayores, ya jubiladas, amas de casa o con empleos ocasionales. Viejas, que les dicen.
Las primeras clases me limitaba a aburrirme como una ostra (supongo, pues no recuerdo haber sido ostra en algún momento de mi vida, pero todos lo dicen, así que ¿por qué yo no?) mientras estiraba músculos que no sabía que existían. Mi cabeza estaba en otra parte, no en la clase, porque, como ya dije, la clase es a la mañana. A esa hora, aunque esté en pleno uso de mis capacidades motoras, los obreros que trabajan en la fábrica de mi cerebro todavía no entraron a trabajar. Imposible captar algo de lo que sucedía a mi alrededor. Mi estado de somnolencia me protegía de cualquier estímulo exterior.
Hasta ese día. Ese glorioso día, aparentemente había dormido más, o tenía más energías, o simplemente se alinearon los planetas. Ese día estuve despierta durante toda la clase y pude escuchar las cosas que mis viejas compañeras decían. Y sorprenderme, y divertirme, y reírme a carcajadas para mis adentros, porque están más chapadas a la antigua de lo que yo creía.
Por eso, es este irreverente, irrespetuoso e inconstante pasquín, inauguramos este nuevo espacio, dedicado a ellas, "las viejas de yoga", como les digo en la intimidad de mi hogar. Porque lo que dicen en esas clases merece ser atesorado. Porque desenterraron mi vocación de agitar el avispero. Este es mi pequeño homenaje a ellas, que me hicieron recordar que en algún momento fui ácida.
Stay tuned for more old-school yogins