27.3.09

Historias hospitalarias*

*De hospital, no de hospitalidad.

A lo largo de mi existencia, me hice habitué de la guardia de traumatología de varios hospitales. Nunca nada serio, pero cada tanto me hacía una visita por ahí, y no precisamente para ver cómo andaba todo. En ese desfile interminable de médicos y radiografías, nunca estuve en condiciones de observar lo que pasaba a mi alrededor. Pero esta vez no me tocó a mí ir a traumatología, así que pude mirar a mis anchas y darme cuenta de muchas cosas que son iguales, estés en el hospital que estés.
Primero, para llegar a la parte del hospital donde está traumatología siempre, pero siempre hay que subir muchas escaleras o atravesar un pasillo larguísimo. Aceptable si lo que justifica tu presencia en traumatología es tu brazo o tu muñeca. Claro, yo no tengo tanta suerte, siempre que fui fue debido a mis piernas o pies.
Luego de que el médico te vea y meta las manos exactamente donde más te duele, decidirá que no entiende nada y te mandará a hacer una radiografía. ¿A que no adivinan dónde queda el sector de rayos? Sí, en el segundo subsuelo, donde no llega el ascensor. Ahí, la parte lastimada sufrirá una serie de estrujamientos aún más dolorosos que los de la consulta previa, todo con el fin de sacar una placa decente. Esto no termina acá, porque una vez que está todo listo, hay que atravesar nuevamente medio hospital para darle dicha radiografía al médico. Suspiros de alivio, ya pasó lo peor.
¿Ya pasó lo peor? Jamás. Una vez que el especialista (no entiendo porque les dicen así, si fueran tan especialistas no te harían doler así) defina qué es lo que tenés, viene el momento de reacomodar. Si creías que habías sufrido antes, no tenés idea de nada. Verás cómo una sustancia rígida como el hueso adopta las formas y posiciones más inverosímiles hasta quedar como estaba antes de la fractura, pero con mucho más dolor. Por fin, es hora de irte a tu casa. El médico te despide con una sonrisa malévola en su cara, y ahí te das cuenta que disfrutó con todos y cada uno de tus gritos desesperados. Lo saludás con odio y te vas, sabiendo que tendrás que volver en una semana y, si sos como yo, con la certeza de que volverás en un futuro no muy lejano.

1 comentario:

Quiero ser una mantenida dijo...

Recorde un dia que llegue como "acompañante" en ambulancia a la guardia del hospital Ramos Mejia y la verdad y la parte de traumatologia ni yeso tenia...
Que desastre!