12.9.10

Filosofía en el supermercado

Leído en una etiqueta de vino tinto.

Notas de cata.
Color: rojo profundo y provocador.
Nariz: Sus aromas recuerdan a la pimienta negra, frutos negros maduros y sus mermeladas.
Boca: estructurado, de gran personalidad y prestancia.

OK. Aparentemente, describir un vino exige de todas las dotes metafóricas y evocaciones sensoriales del sommelier, y yo, como simple mortal cuya cultura alcohólica no excede los tragos preparados con bebidas blancas (que son todas iguales, independientemente de su marca o precio. Parafraseando a mi madre, "eso es alcohol de quemar, Florencia"), no puedo comprenderlo. Menos aún podría comparar semejante sinfonía para mis sentidos con cosas tangibles, pertenecientes a un plano tan cotidiano como real.
Ahora, yo me pregunto. Si el citado vino aspira a ser de calidad, apelando a la percepción de clientes distinguidos, ¿la parte de "y sus mermeladas" no está como un poco de más? Digo. Es sólo una opinión. A mí, mermelada me suena a tostada, tostada a desayuno de fin de semana, fin de semana a piyama y pantuflas, piyama y pantuflas a días de fiaca. No es demasiado elegante, a menos que se imponga la moda "sleepy" y los estampados de ositos cariñosos sean el hit de la nueva temporada. Ahí sí, saldríamos a lugares exclusivos, tomaríamos este vino y el concepto que sutilmente deja entrever la "mermelada" sería de lo más avant-garde en materia de estilo. Si esto pasa, me felicitaré por mi clarividencia, para acto seguido cortarme las venas con mi regla plástica de quince centímetros.
Además, ¿qué significa que el rojo sea provocador? ¿Te insulta? ¿Se planta y te pechea? ¿No te combina con nada de lo que llevás puesto, desafiando así los paradigmas vigentes de la moda? ¿Qué significa que un color me provoque? ¿Que si veo a alguien tomando ese vino no voy a poder contener mis impulsos y me arrojaré sobre su persona mientras mi piel se vuelve verde y me convierto en el Hulk del subdesarrollo? No queda demasiado claro.
Para finalizar mi argumentación, la parte empírica. Porque la única realidad es la realidad experimental, y mi realidad experimental me indica que la pimienta y los frutos negros no huelen igual. De hecho, no son ni parecidos, así que este punto tampoco está bien explicitado en la inscripción suprascripta (uh, qué buena palabra).
Evidentemente, los creativos que esbozaron el texto de la etiqueta no se atuvieron demasiado a la realidad, limitándose a hacer un torbellino de ideas, elegir las que sonaban mejor, asociarlas libremente y escribir. Esto trae aparejada una importante consecuencia: ¡todos podemos tener nuestra propia etiqueta de vino! Sólo basta con abrir la heladera, chequear el stock de frutas y verduras (porque comparar un vino con una pizza de anchoas no queda muy cool que digamos) y dejar volar la imaginación. El resto sale solito.


Este vino combina la sutileza de la papa hervida con la fuerza de la ensalada de rúcula. En boca deja un sabor fresco, con dejos de durazno y remolachas de estación. Su aroma frutado remite directamente a un paseo por San Pedro en época de cosecha. Se recomienda beber a temperatura ambiente, y servirlo como complemento de una picada de pizza.
Ya está, encontré mi vocación. ¡Bodegas del mundo, acá estoy!

4 comentarios:

Gurisa dijo...

Queda la impresión que los sommeliers son escritores fracasados... de la contratapa de los libros de grandes autores XD

Florci dijo...

Claro! Seguramente si aspirás a un trabajo así poner en tu CV que escribiste contratapas debe sumar muchísimo.

SarapesDeAVaro dijo...

Suprascripto... una gran palabra. Y la entrada en general bastante bien hecha, causó que me riera al menos un par de veces, no sé si sigas escribiendo por acá, pero vale la pena leerte.

Nehuén dijo...

coincido, además de seguirte, me encanta como ligas las ideas y no te perdes en la voragine. saludos!