13.12.11

Arrugadas de la vieja escuela

Hace unos años (dos), a causa de mis nervios incontrolables, decidí empezar yoga. Busqué un lugar cercano a mi casa, averigüé los horarios, me inscribí y empecé. Voy a clases por la mañana, así que el alumnado está compuesto principalmente por señoras mayores, ya jubiladas, amas de casa o con empleos ocasionales. Viejas, que les dicen.
Las primeras clases me limitaba a aburrirme como una ostra (supongo, pues no recuerdo haber sido ostra en algún momento de mi vida, pero todos lo dicen, así que ¿por qué yo no?) mientras estiraba músculos que no sabía que existían. Mi cabeza estaba en otra parte, no en la clase, porque, como ya dije, la clase es a la mañana. A esa hora, aunque esté en pleno uso de mis capacidades motoras, los obreros que trabajan en la fábrica de mi cerebro todavía no entraron a trabajar. Imposible captar algo de lo que sucedía a mi alrededor. Mi estado de somnolencia me protegía de cualquier estímulo exterior.
Hasta ese día. Ese glorioso día, aparentemente había dormido más, o tenía más energías, o simplemente se alinearon los planetas. Ese día estuve despierta durante toda la clase y pude escuchar las cosas que mis viejas compañeras decían. Y sorprenderme, y divertirme, y reírme a carcajadas para mis adentros, porque están más chapadas a la antigua de lo que yo creía.
Por eso, es este irreverente, irrespetuoso e inconstante pasquín, inauguramos este nuevo espacio, dedicado a ellas, "las viejas de yoga", como les digo en la intimidad de mi hogar. Porque lo que dicen en esas clases merece ser atesorado. Porque desenterraron mi vocación de agitar el avispero. Este es mi pequeño homenaje a ellas, que me hicieron recordar que en algún momento fui ácida.
Stay tuned for more old-school yogins

3 comentarios:

Guri dijo...

Old-school yogins rules!!!

Nehuén dijo...

ajja me encantó, yo pensé que no existian chicas como vos. te leo luego saludos!

Edgar Estrada dijo...

Me encanta como escribes! me suscribiré a tu blog.